domingo, 8 de diciembre de 2019

Dale nomas, dale qué va...

Santos Discepolo en 1934, escribió Cambalache, un himno, el más simbólico y representativo de cómo somos, de cómo pensamos y también de cómo muchos actúan. Lo paradójico de este emblemático texto es su absoluta vigencia. Parece que 85 años no fueron suficientes para salir del lodo en el que seguimos empantanados.


Faltan 48 horas para dar vuelta una nueva página de la historia democrática argentina. Un presidente que se va, otro que llega y un reciclado de nombres e ideas que merodean recetas ya probadas y gestores bien conocidos. Argumentaba y con resultados Albert Einstein, que “es de locos pensar que las cosas cambian si seguimos haciendo siempre lo mismo”.


Cuando hablo de repetir recetas: intervenir precios, subsidiar actividades deficitarias, recargar de impuestos a una economía ya en apnea, “imprimir responsablemente”, “pagar cuando estemos creciendo” y un sin fin de definiciones, que suenan bien en campaña, pero ahora, magia? Que bueno seria replicar a los Estados, que pagaremos nuestros impuestos, cuando estemos creciendo y recuperándonos de la asfixia que las cargas provocan. Lo aceptaran? Seguramente.


Si hay algo que no amerita mas análisis, pero no damos prueba de aprendizaje, es que no podemos vivir de prestado eternamente. Cargamos +100 años insubordinados a las leyes de la física-económica y de verdad, quienes ocupan temporalmente los cargos ejecutivos esto no parece ocuparles de forma conciente y honestamente. Parece que el periodo de gobierno mas tiene que ver con maximizar sus apetencias personales, que con las de resolver los problemas y sentar las bases de juego para la argentina de nuestros nietos.


La bomba de succión.


El Estado se ha convertido en una bomba que aspira 75% del producto con casi 100 impuestos y más de 64.500 artículos para intentar no caer en off-side. Técnicamente inviable.


Esta maquina de aspiración, requiere del único sector que genera valor agregado y recursos en la economía: los privados. Somos quienes pagamos impuestos, los que sostenemos un sistema que nos devuelve burocracia y servicios de muy mala calidad.  


Cuando el Estado se queda “corto” (se la patinan o la direccional a discreción), acude a otra de las fatales herramientas (emisión monetaria) que desde la época de los romanos, constituye el principal motivo por el que la pobreza se consolida estructuralmente, la desconfianza se incrementa y la economía no progresa.


La moneda en si mismo un bien, un instrumento de protección sobre las libertades individuales (hacer uso de los resultados económicos legalmente obtenidos por la actividad laboral) y en contra del despotismo de los gobiernos que por medio de la degradación monetaria infieren sobre aquellos sobre los que dicen trabajar en la resolución de problemas.


La discusión académica es si la moneda tiene origen Catalactico (mercados fijan los precios) o bien Político (cuando es creada por el Estado a su gusto). Mas allá de esta cuestión que se dirime en la biblioteca, lo cierto es que los gobiernos, cuando disponen de la maquina y la usan, generan una distorsión en el valor económico del bien, además de la ruptura en términos de la confianza.


El pensador y economista Jean Bodin (1530-1596) presento en sociedad uno de los primeros escritos sobre teoría monetaria como respuesta a Jean de Malestroit, un cardenal frances que rechazaba la idea de los precios dinámicos en el largo plazo.




Jean Bodin en 1568, responde a Malestroit con su teoría cuantitativa del dinero (TCM) la que fuera luego ampliamente adoptada por los principales referentes económicos de aquella Europa renacentista.


Concretamente, Jean Bondino (asi también se lo llamaba) tuvo una importante influencia de los filósofos y teólogos de la escuela económica de Salamanca y de uno de sus principales referentes Martín de Azpilcueta (1493-1586) quien fuera también fuente inspiradora de Adam Smith.


Boden, identificaba ciertos argumentos que explican las causales por las que los precios adquieren su dinámica propia y no hay intervención que no los devuelva a su cauce.

  1. La existencia de los monopolios (único oferente que define precio)

  2. Las guerras, que causaban desabastecimientos prolongados

  3. Las colonizaciones (aumentaban las existencias de oro y plata)

  4. La adulteración de la moneda (se cortaba el oro con bronce y cobre)

  5. El exceso de demanda de reyes y príncipes

De los motivos precedentes, las colonizaciones proveían de ingentes cantidades de oro y plata con las que se confeccionaban nuevas monedas, generando asi una abundancia que por lógica decaía en su valor (por la mayor oferta), además del ya conocido “rebaje” en la calidad del metal. Circunstancias ambas, que fueron minando el valor y la confianza en los emisores (hoy Bancos Centrales).

Los metales como moneda, fueron dando paso al sistema fiduciario, es decir un esquema en el que los Estados emiten sus papeles de colores y que el valor de estos depende de la confianza que la comunidad tenga en este bien y que no se respalda por metales preciosos sino tan solo por la promesa de pago de quienes son los emisores.

Aquella incipiente TCM de Boden-Azpilcueta, fue evolucionando con las experiencias y las diferentes escuelas de pensamiento económico. A. Pigou y A. Marhall enfocaron su análisis sobre los disparadores de los individuos en mantener saldos reales de dinero en su poder (preferencias de liquidez y tasas de interés) o el caso de M. Friedman quien sostenía el análisis de la demanda de dinero en términos de su costo de oportunidad (la tasa de interés de otros activos y las riquezazas de sus tenedores).

Lo cierto es que la TCM, la teoría cuantitativa del dinero intenta desde su nacimiento explicar las causales derivadas de la inflación en un país por medio de su identidad P x Q = M x V o en castellano, que el valor de las transacciones (precio y cantidad) deben estar balanceadas con la cantidad de dinero (M) y la velocidad de circulación (V).

Si los gobiernos emiten dinero (“responsablemente” o no) alteran el equilibrio para dar respuesta a su exceso de demanda como reyes y príncipes, minan el valor de la institución (moneda), segregan la confianza propia de la fiducia y finalmente pisotean las libertades individuales.

Siempre estamos a tiempo de revertir la historia, siempre y cuando demos los pasos adecuados, quizás copiando a quienes luego de ser devastados supieron renacer, sin inventar nada, pero evolucionando en ideas y en soluciones que a la postre, fueron recetas magistrales.  

85 años después…“Vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo, todos manoseaos”




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