El dinero no es todo, pero cómo ayuda
La relación entre dinero, consumo y felicidad es materia de estudio económico hace años. ¿Qué dice la ciencia?
Días atrás te contaba que un economista
articula su gestión entre los ingresos (por lo general acotados) y
egresos (siempre infinitos). Entre estos dos escenarios vas lidiando
entre procurar lo que necesitás y protegerte de las precisas e invasivas
estrategias de marketing que apuntan a incrementar tu consumo.
Bajo
esta premisa, mis hijos, fuente de análisis permanente , me obligan a
reflexionar y correlacionar el consumo y la felicidad. Emerge del mismo
escenario, si el poderío económico es o no un canalizador de la
felicidad que en definitiva todos buscamos.
En el disco Los Reyes de la Canción, del año
2001, "Los auténticos decadentes" incluyen el tema (nro. 9) "El dinero
no es todo, ay pero cómo ayuda". Si bien está lejos todavía de ser la
consagrada Sinfonía de Beethoven (paradójicamente también es la novena)
este singular grupo musical promueve en cada evento que hasta el más
aburrido de los invitados salte a la pista y en el mejor de los casos
emule el trencito carioca.
El psicólogo
americano Abraham Maslow en 1934 propuso como tesis doctoral en la
Universidad de Nueva York la llamada Pirámide de jerarquía como una
forma de representar las necesidades de un ser humano y su camino hacia
la autorrealización personal.
A medida
que vas logrando satisfacer las principales necesidades (fisiológicas,
de seguridad, de afiliación o sociales) sobrevienen nuevas que te
empujan hacia la cima, encontrando en la cúspide el reconocimiento
social y auto-realización.
El punto es
que en esta cima, y te diría en escalones previos también, emergen los
llamados consumos "de lujo", suntuosos o pre-suntuosos. O sea, aquellos
que hacemos con un afán de posicionamiento jerárquico y que poco tienen
que ver con necesidades básicas. Son bienes que en microeconomía tienen
una demanda elástica (cuando aumenta el ingreso, el consumo de estos
bienes crece mas que proporcionalmente).
Pero
la inquietud que subyace es si los ingresos o el consumo te hacen más o
menos feliz, ciber Monday de por medio. Intentar correlacionar dinero y
consumo con felicidad es materia de estudio económico hace años. Las
principales instituciones educativas del mundo se disputan la temática
para encontrar la llave mágica que a todos nos desvela. ¿Es el consumo
el motivo de mi felicidad? ¿Es tener más dinero acaso?
Uno
de tantos estudios al respecto lo lideró Andrew Oswald investigador de
Warwick, quien comprobó que en los diferentes estados de EEUU en los que
había mejor calidad de vida (medidos con indicadores objetivos: clima,
espacios verdes, salud, educación, transporte entre otros) los reportes
de satisfacción de los habitantes eran positivos y estos a su vez tenían
un impacto en el consumo. Bajo este argumento se podría inferir que el
dinero SI hace a la felicidad.
Para
sumar al análisis, Richard Easterlin, en el año 1974, publica un trabajo
en el que intenta dilucidar si el crecimiento económico hacia más feliz
al hombre, como la teoría económica tradicional lo afirmaba.
El
estudio demuestra . comparando varios países que el nivel medio de
felicidad que las personas dijeron poseer, no varió prácticamente, al
menos en los países en los que las necesidades básicas están cubiertas
en la mayor parte de la población.
En
su análisis entre 1946 y 1970 indicaba que aunque los ingresos hayan
crecido de forma significativa, el nivel de felicidad que declaraban los
encuestados no demostraban una tendencia clara u homogénea. A este
análisis se lo conoce como la Paradoja de Easterlin.
Tiempo después, el premio Nobel
de economía y creador de la economía conductal, Daniel Kahneman, nos
hizo saber que existe en las personas "El umbral de la riqueza". Este
concepto remarca que la felicidad no es directamente proporcional a
mayor cantidad de dinero y, a partir de cierto nivel, tener más dinero
no lo hace a uno más feliz, si ya están cubiertas las necesidades
básicas.
Explicarle a mi hijo Pancho
sobre estas paradojas es poco práctico y mucho menos convincente para
él. Lo cierto es que el quiere su Play 4 o "cómprame algo", como sabe
decir. Refuerzo entonces la pregunta: ¿que es lo que lo hace feliz (en
materia de consumos)?
Descubrí entre las
charlas de mis hijos con sus compañeros, que algo que sostenía el
sociólogo Thorstein Veblen en el año 1899 en su obra La teoría de la
clase ociosa sobre los consumos ostensibles y la emulación pecuniaria
cobraba vida en las definiciones de mis hijos.
Entendí
que si bien los ingresos y el consumo tienen un impacto en materia de
felicidad, mas aun lo tienen si este se logra visible y permiten un
posicionamiento en la escapa jerárquica social. Si bien esta es una
simplificación a una discusión económica y filosófica, la verdad es que
es un fiel reflejo de nuestra evolución como especie.
El
capitalismo tiene por esencia medular la competencia como herramienta
de posicionamiento social. Los símbolos icónicos son parte de este
modelo que a todos nos empuja a correr los limite de la producción y el
consumo.
Así como en el deporte, para
competir se debe contar con un entrenamiento, en economía se debe contar
con los recursos. Y si bien más no es mejor, como dicen los
Decadentes…"el dinero no es todo ay…pero como ayuda".
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