miércoles, 14 de diciembre de 2016

La información asimétrica: mentime que me gusta

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Domingo 11 de Diciembre de 2016

La información asimétrica: mentime que me gusta

Seguramente te pasó alguna vez que un vendedor de autos, informática, medicina privada o un profesional te puso en jaque la información que tenías sobre algo o te hizo dudar del análisis que habías hecho sobre tus convicciones.
 
"Joya, nunca taxi", "olvídate, con este equipo tenés para rato", "ah, tengo justo lo que estabas buscando", "te queda hermoso", son algunas frases de quienes tienen que cumplir objetivos y cuentan con un valor determinante en la economía, la información.

Seguramente te pasó alguna vez que un vendedor de autos, informática, medicina privada o un profesional te puso en jaque la información que tenías sobre algo o te hizo dudar del análisis que habías hecho sobre tus convicciones. Esto en economía tiene explicación, como todo en la vida hay un por qué y un para qué.

Hay información imperfecta cuando la disponible no alcanza y no todos la tienen. Un ejemplo es cuando llevás el auto al mecánico o llamás a un técnico a domicilio. Prepárate para oír los argumentos mas creativos de ventas. Como lo que sabés no alcanza, el precio lo vas a pagar y quien te asesora esto lo mide. Así es la ley de la oferta y demanda.

También existe la información asimétrica cuando no todos los involucrados saben lo mismo. Algunos tienen información calificada y otros no. ¿Querés un ejemplo? El dólar futuro. Quienes tenían información lograron capitalizarla. Los que no, leyeron el diario el lunes con el hecho consumado. Otro ejemplo son las empresas de seguros de salud o de medicina prepaga que desconocen aspectos diarios sobre la vida de quienes asumirán su cobertura.

George A. Akerlof (1970), economista de la U. de Berkley y Nobel en 2001 fue uno de los pioneros en presentarnos la idea de la información asimétrica y sus consecuencias en las decisiones.
Cuando estas situaciones se presentan y son muy habituales, no se logran acuerdos o son imperfectos. En castellano, podrían ser mejores los acuerdos si todos nos decimos la verdad. ¿Imposible?

Las consecuencias.

La selección adversa es una de las consecuencias. Esta situación la explicaba un inglés Sir Thomas Gresham, comerciante y financiero del siglo XVI cuando notaba que la adulteración en las monedas de oro era tal que terminó siendo rechazada por el público ya que no podían distinguir las buenas de las malas. De allí se deprende la frase "la moneda mala desplaza a la buena" o "pagan justos por pecadores".

Cuando las mujeres dicen "ya no quedan hombres" me pregunto si la Ley de Gresham se aplica. Digo porque hay personajes que saltan a la escena mediática o que se exponen mas de lo recomendado y en principio formulan un estereotipo que poco se comprueba con la realidad posterior (pura cáscara) pero mientras tanto, al igual que en el caso de las monedas de oro, "los vende humo" aunque sea por un tiempo desplazan a los que tienen buenas intenciones.

Igual pasa si querés comprar un auto y el vendedor sabe las condiciones, cuestión que vos no. Su objetivo es vender y tratar de conseguir el mejor precio. El tuyo, comprar al valor mas adecuado a tu economía. Si el auto es usado y desconociendo su estado, vas a negociar un precio que será el mas cercano al promedio entre lo que te ofrecen y lo que ofrecerías. Así el mercado podría emparejarse hacia abajo transándose solo coches de calidad intermedia.

El Estado en situaciones de ineficiencias puede intervenir. Eso sí, con costos y generalmente altos, con el afán de resolver estos desajustes fundamentalmente en aquellos mercados que son prioritarios como en el caso de la salud.

Caso contrario sucede para quienes tienen menos interés en su cobertura de salud (probablemente por desconocimiento real del costo de las prestaciones). El resultado, es que las cuotas suben y justamente aquellos que más necesidad de cobertura tienen, paradójicamente serian los que menos acceso podrían tener o más deberían pagar por su seguro.

En un sistema solidario, los asegurados "sanos" compensan a los que no lo están. Cuando la relación se hace inversa se desata el déficit prestacional, económico y financiero. Así es que los asegurados de mayor propensión a tomar servicios, desplazarían a los que están sanos no lográndose un equilibrio en términos económicos.

El rol del Estado.

Te decía que el Estado podría intervenir (venimos de una década con esta idea) para "corregir" estos desvíos, y en el caso de la salud sería, por ejemplo, imponiendo un seguro médico obligatorio en que los sanos serían penalizados en términos de costos y subsidiando así a los que más demandan servicios. Otra forma es regulando los ajustes de precios, con grandes distorsiones colaterales.

Ahora, si fuera que la intervención del Estado lo resuelve todo, los solteros podrían conseguir parejas de buena calidad desde una obligatoriedad impuesta a no mentir a la hora de las conquistas y esto en la práctica no se verifica.

Seguramente oíste hablar de las profecías autocumplidas. Cuando las mujeres aseguran que ya no quedan hombres, ocupan sus espacios con otras actividades o expectativas subiendo la vara de la demanda a niveles cada vez más exigentes, pero el tiempo pasa y como dice Gachy R. una gran humorista rosarina: "Mientras esperás al indicado, aprovechá del equivocado".

En el mercado de la salud por lo general se incrementa el consumo a lo largo de los años, las cuotas son costosas y crecientes según la edad (pero económicas en relación al costo prestacional) y el sistema naturalmente expulsa al sano y vigoroso, conservando el lugar sólo para quienes no están bien. Al igual que en el mercado de los solteros, se produce un efecto desplazamiento.

La economía, como ser viviente, evoluciona para ajustar estas ineficiencias y evitar la selección adversa (equivocarte a la hora de elegir) desarrolla herramientas de defensa.

Una de ellas es el screening concepto desarrollado por Michael Spence (1973). En salud se utiliza para detectar alguna anomalía y a partir de esta, las empresas diseñan planes de coberturas adecuados a cada necesidad. Otra es signaling, se basa en la idea que en una persona se vende de la forma más creíble a la otra. Sería algo así como las normas de calidad ISO para distinguir entre los buenos y malos.

Cuando las víctimas del famoso "polista Gigolo" mediático descubrieron que todo su armado era una gran farsa "Mentime que me gusta", me cayó la ficha de cómo la información asimétrica te puede impactar en la vida cotidiana.

 

Invertir, un acto que habla de lo mas intrínseco del ser

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Invertir, un acto que habla de lo mas intrínseco del ser

Tomar decisiones de inversión, importantes o rutinarias, involucran al corazón, la cabeza y el estómago.


Cada unos de nosotros y a cada momento estamos tomando decisiones. Decisiones de variados tipos, magnitudes y con múltiples fines. Las hay personales, familiares (tales como elegir adónde vacacionar o qué lugar elegimos para desayunar un domingo) también definir y negociar en casa de qué suegra almorzar. Podríamos decir que son mas bien decisiones rutinarias o de baja complejidad.

Pero también debemos tomar decisiones que ameritan de una técnica mas depurada y con metodologías más complejas, son elecciones que apuntan a objetivos mas delicados. Ejemplo las económico-financieras: como invertir una suma de pesos para ampliar una fábrica, evaluar la compra de una maquinaria o definir una estrategia de ahorro para luego optar por diferentes herramientas financieras que tengan por objeto hacer que el dinero trabaje por nosotros.

Sean decisiones basadas en modismos o familiares, personales o profesionales, todas tienen en si mismas un proceso que las justifica. Ninguna decisión en el fondo deja de tener un proceso intrínseco.

Estos procesos tienen en si mismos los elementos integrantes de nuestro gen decisor. Por eso cuando optas por invertir en alguna herramienta por medio de alguna institución bancaria, lo primero que surge en las webs es un análisis personal sobre tu perfil cómo inversor. Es una excelente oportunidad de revisarte como sos a la hora de invertir. Te recomiendo el ejercicio.

Invertir se conforma de tres partes: inv (hacia dentro), versus ( sinónimo de "dado la vuelta") y ion (acción). O sea que invertir habla de vos, de como sos, de tus prioridades, tus objetivos, de introspección y finalmente acción.

Por lo general y dependiendo de la complejidad de las decisiones a tomar, estas pueden ser actividades que al igual qué caminar o manejar un coche, se hacen tan habituales qué un mecanismo supra-racional es quien toma la iniciativa y hace lo suyo. Te parece que decidís vos pero el proceso va mas rápido incluso que tu capacidad de análisis. Lo hiciste.

Cabe destacar qué determinadas inversiones requieren de un análisis detallado y pormenorizado qué en determinadas circunstancias necesitaras de un profesional que guíe tu instinto y lo valide o corrija. En economía todo se paga y el instinto si bien juega de local, la verdad también es necesario que las matemáticas nos den una mano.

Hay tres maneras de tomar decisiones en la economía, las decisiones del estómago, las del corazón y las de la cabeza. Las del estómago son las decisiones del momento, las que tomamos casi sin pensar, a las que sólo nos importa el aquí y ahora, por eso son las viscerales (impulsivas, lo viste y lo querés).
Las del corazón son las que te recuerdan el pasado, los sentimientos, el amor, las que hacen que te aferres a las cosas, aunque no sean las mejores incluso que te dañen, no obstante son aquellas en las que estas dentro de tu zona de confort. Finalmente están las decisiones de la cabeza, las que se toman pensando en el bien de cada uno, en el presente y futuro, en lo que nos conviene y en lo que nos merecemos tener o conseguir.

En ese orden es que habitualmente creemos qué las decisiones emergen de nosotros bajo lo qué consideramos un proceso puramente racional, cuándo las ciencias hoy, fundamentalmente las neurociencias dan cuenta (tecnología de por medio y los sistemas de RMN) que las decisiones son un proceso más intuitivo y emocional que racional, cómo nos decían los autores clásicos de economía.
Entonces se me plantean algunos interrogantes. Que es la TIR "emocional" entonces? Que es el costo de oportunidad?

Empecemos por la ultima pregunta. Si tu esposo/a definió que el Domingo almorzaran en casa de su mama (o sea tus suegros) el costo de oportunidad seria aquello que "dejaste de hacer" por disfrutar de un almuerzo familiar con los suyos. Serán las actividades que te vas a privar o renunciar por la decisión que tomaste.

Para esta decisión, tu interior hizo un análisis pormenorizado (y a gran velocidad) de las opciones disponibles para decidir por una: ver futbol, nadar en el río, ir al cine, etc). En decisiones económicas y financieras el costo de oportunidad se mide en relación a las rentabilidades que generan opciones de inversión alternativas. Desde ya que elegirás aquella que te reporte la mayor rentabilidad comparada y también aquella que se ajuste a tu perfil como inversor.

Volvamos ahora al concepto TIR o tasa interna de retorno. En materia financiera este sirve para comparar rentabilidades de diferentes tipos de inversiones. Sin ahondar ni aburrirte, la idea es que esta TIR actualiza a valores de hoy los cálculos que haces de futuros ingresos (o flujos). Con este calculo matemático podes definir por que camino optar a la hora de decidir un set de inversiones posibles.

Entonces que será la TIR "emocional"? En economía no todo es dinero y mucho menos matemáticas. Son contadas las veces en las que decisiones de corte racional te dan la tan buscada felicidad. Te preguntaste porque antes de comprar algo que te gusta o invertir en un viaje, sentís interiormente como una ebullición sanguínea? Eso es una mezcla de adrenalina con endorfinas.

Ambas conspiran y ayudan a tomar decisiones. El punto es si la balanza se inclina solo hacia lo racional o emocional y la falta de equilibrio dejen con una sensación de vacío. A todos nos sucede que queríamos comprar algo con mucha intensidad y una vez que lo tenemos, esa "necesidad imperiosa" deja de ser tal. Dependiendo de la escala de compra, la intensidad de satisfacción tiene una curva descendente y acaba en satisfacción cero al poco tiempo.

La TIR ayudará a evaluar el terreno hacia donde las decisiones mas "racionales" u objetivas deberían encaminarse para lograr la mayor rentabilidad económica y financiera. La TIR "emocional" será aquella que ayude evaluar en perspectiva que decisiones tomaremos y que nos acerquen al estado de satisfacción y plenitud que buscamos con cada decisión.

En definitiva, "invertir en emociones" es la contiene la TIR emocional mas rentable porque sus efectos se extienden en el tiempo, como en el caso de un viaje: disfrutas cuando lo estas planificando, lo haces también mientras estas en esa playa soñada y lo seguirá haciendo cada vez que compartas las experiencias con tus seres queridos, incluyendo a tu suegra!


El dinero no es todo, pero como ayuda!

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El dinero no es todo, pero cómo ayuda

La relación entre dinero, consumo y felicidad es materia de estudio económico hace años. ¿Qué dice la ciencia?

Días atrás te contaba que un economista articula su gestión entre los ingresos (por lo general acotados) y egresos (siempre infinitos). Entre estos dos escenarios vas lidiando entre procurar lo que necesitás y protegerte de las precisas e invasivas estrategias de marketing que apuntan a incrementar tu consumo.

Bajo esta premisa, mis hijos, fuente de análisis permanente , me obligan a reflexionar y correlacionar el consumo y la felicidad. Emerge del mismo escenario, si el poderío económico es o no un canalizador de la felicidad que en definitiva todos buscamos.

En el disco Los Reyes de la Canción, del año 2001, "Los auténticos decadentes" incluyen el tema (nro. 9) "El dinero no es todo, ay pero cómo ayuda". Si bien está lejos todavía de ser la consagrada Sinfonía de Beethoven (paradójicamente también es la novena) este singular grupo musical promueve en cada evento que hasta el más aburrido de los invitados salte a la pista y en el mejor de los casos emule el trencito carioca.

El psicólogo americano Abraham Maslow en 1934 propuso como tesis doctoral en la Universidad de Nueva York la llamada Pirámide de jerarquía como una forma de representar las necesidades de un ser humano y su camino hacia la autorrealización personal.

A medida que vas logrando satisfacer las principales necesidades (fisiológicas, de seguridad, de afiliación o sociales) sobrevienen nuevas que te empujan hacia la cima, encontrando en la cúspide el reconocimiento social y auto-realización.

El punto es que en esta cima, y te diría en escalones previos también, emergen los llamados consumos "de lujo", suntuosos o pre-suntuosos. O sea, aquellos que hacemos con un afán de posicionamiento jerárquico y que poco tienen que ver con necesidades básicas. Son bienes que en microeconomía tienen una demanda elástica (cuando aumenta el ingreso, el consumo de estos bienes crece mas que proporcionalmente).

Pero la inquietud que subyace es si los ingresos o el consumo te hacen más o menos feliz, ciber Monday de por medio. Intentar correlacionar dinero y consumo con felicidad es materia de estudio económico hace años. Las principales instituciones educativas del mundo se disputan la temática para encontrar la llave mágica que a todos nos desvela. ¿Es el consumo el motivo de mi felicidad? ¿Es tener más dinero acaso?

Uno de tantos estudios al respecto lo lideró Andrew Oswald investigador de Warwick, quien comprobó que en los diferentes estados de EEUU en los que había mejor calidad de vida (medidos con indicadores objetivos: clima, espacios verdes, salud, educación, transporte entre otros) los reportes de satisfacción de los habitantes eran positivos y estos a su vez tenían un impacto en el consumo. Bajo este argumento se podría inferir que el dinero SI hace a la felicidad.

Para sumar al análisis, Richard Easterlin, en el año 1974, publica un trabajo en el que intenta dilucidar si el crecimiento económico hacia más feliz al hombre, como la teoría económica tradicional lo afirmaba. 

El estudio demuestra . comparando varios países que el nivel medio de felicidad que las personas dijeron poseer, no varió prácticamente, al menos en los países en los que las necesidades básicas están cubiertas en la mayor parte de la población. 

En su análisis entre 1946 y 1970 indicaba que aunque los ingresos hayan crecido de forma significativa, el nivel de felicidad que declaraban los encuestados no demostraban una tendencia clara u homogénea. A este análisis se lo conoce como la Paradoja de Easterlin.

Tiempo después, el premio Nobel de economía y creador de la economía conductal, Daniel Kahneman, nos hizo saber que existe en las personas "El umbral de la riqueza". Este concepto remarca que la felicidad no es directamente proporcional a mayor cantidad de dinero y, a partir de cierto nivel, tener más dinero no lo hace a uno más feliz, si ya están cubiertas las necesidades básicas.
Explicarle a mi hijo Pancho sobre estas paradojas es poco práctico y mucho menos convincente para él. Lo cierto es que el quiere su Play 4 o "cómprame algo", como sabe decir. Refuerzo entonces la pregunta: ¿que es lo que lo hace feliz (en materia de consumos)?

Descubrí entre las charlas de mis hijos con sus compañeros, que algo que sostenía el sociólogo Thorstein Veblen en el año 1899 en su obra La teoría de la clase ociosa sobre los consumos ostensibles y la emulación pecuniaria cobraba vida en las definiciones de mis hijos.

Entendí que si bien los ingresos y el consumo tienen un impacto en materia de felicidad, mas aun lo tienen si este se logra visible y permiten un posicionamiento en la escapa jerárquica social. Si bien esta es una simplificación a una discusión económica y filosófica, la verdad es que es un fiel reflejo de nuestra evolución como especie.

El capitalismo tiene por esencia medular la competencia como herramienta de posicionamiento social. Los símbolos icónicos son parte de este modelo que a todos nos empuja a correr los limite de la producción y el consumo. 

Así como en el deporte, para competir se debe contar con un entrenamiento, en economía se debe contar con los recursos. Y si bien más no es mejor, como dicen los Decadentes…"el dinero no es todo ay…pero como ayuda".