domingo, 11 de marzo de 2018

sábado, 3 de febrero de 2018

Nota # 34 – Diario La Capital | Expectativas y tu rol en la economía


Enero tuvo un artista casi exclusivo, “el dólar”. Es que la volatilidad de la divisa fue notable y a todos siempre nos preocupa el valor. Si bien no deja de ser un precio más en la economía, nos vinculamos con la divisa por diversos motivos y porque de hecho cada vez que se mueve el precio nos toca el bolsillo. Solo para darte un número +13% se movió la divisa en los últimos 60 días.

Qué motivos subyacen a la cotización de la divisa?

Motivos económicos (objetivos): por ejemplo, cuando el pasado 28-12 se re calculaban las metas de inflación  con el argumento que la “inflación están en baja”, relajamos el control monetario. Mas allá de la mera expresión de deseo que no se verifica en la práctica, genera una distención de la política fiscal y el BCRA queda doblegado a los designios de la política perdiendo independencia y restando crédito a su gestión. Esta lenta y gradual baja de tasas, naturalmente desincentiva a quienes se posicionan en $ en buscar nuevos horizontes más rentables que las hasta hoy estrellas Lebacs para no perder poder de compra contra una inflación que no cede. Dolarización de cartera.

Motivos “emocionales”: dado que cada movimiento de la divisa nos corre un frio por la espalda. Es que fuimos sistemáticamente estafados con nuestra moneda (corralito, corralón, plan bonex, 5 cambios de signos monetarios, 13 ceros que se quitaron a la moneda y las tropelías siguen). Así que cuando que te dicen “el que apuesta al dólar pierde” o más recientemente “los argentinos tienen que pensar en pesos”, lejos de generarte el efecto que desea el gobernante de turno, justamente logran lo diametralmente opuesto. Salís corriendo a comprar dólares porque hay mensaje oculto.

Tendrán los funcionarios sus ahorros en pesos? Te pregunto: cuando te sobra un mango te quedas en pesos o te vas al dólar? Se sincero. Argentina esta dolarizada de hecho (el año pasado fue record de compras). Tenemos tantas malas experiencias con nuestra moneda que siempre nos quema en las manos. Osea que cuando podes, buscas desde la lógica refugio en una moneda dura, que cumpla las funciones básicas: a) medida de valor, b) medio de pago, y c) medio de atesoramiento (claramente el peso adolece en el largo plazo).

Ahora volviendo al dólar y las expectativas que genera su volatilidad, cada movimiento en la cotización genera un golpe directo a tu poder de compra. Los agentes productores, tienen sus costos dolarizados (una fabrica, un desarrollador web, incluso operaciones inmobiliarias), pactan sus operaciones en moneda dura y al momento de pago (en $) se convierten al tipo de cambio vigente o directamente ahora que podes comprar dólares en un maxi kiosco, podes contar con el físico.

Las escenas de cobrar en pesos y salir corriendo a comprar dólares, aunque existan opciones e instrumentos financieros más rentables, es parte indivisible de nuestro ADN.

Cuando hablamos de “expectativas” hago mención a lo que como agentes en la economía, pensamos, planificamos o creemos que va a suceder con los temas (variables) que nos preocupan en un futuro cercado.  

A esta altura del año y como es una constante, se discuten las “Paritarias”, una pulseada entre actores que pugnan por bajar la inflación (unos) y sostener en el mejor de los escenarios el poder de compra (otros), las expectativas juegan un rol determinante.

Vale aclarar que los salarios no generan inflación. Lo que si la genera es la monetización del déficit financiando los excesos de un Estado que vive sobre sus posibilidades derivando la carga de tal desorden a quienes pagamos los impuestos; el remarque de precios por parte de los privados (ante un escenario de expectativas inflacionarias ajustan precios) y como tercer componente la falta de credibilidad que abona el espiral inflacionario.

En castellano de los últimos días: el BCRA emite pesos por sobre la demanda y lo hace para tapar el enorme agujero fiscal. Es decir que en el mercado hay más pesos en circulación de lo que la gente demanda y por ley económica, cae el poder de compra del peso. Como el dólar es un precio más, necesitas más pesos para comprar un dólar y por ende nuestro peso pierde valor (te empobreces).

Por el lado del gasto, con datos a 11-17 los déficits sumaban: Primario 4,3% el PBI, intereses de la deuda externa 2,3%, déficit provincial 1%, Cuasi fiscal (intereses de Lebacs) 1,7%. Osea que la friolera de 9,3% (y subiendo) del PBI responde a las diferencias de caja que de alguna forma hay que financiar. Estamos hablando de algo así como 46MM de USD.

Por el lado de la divisa, en épocas del CEPO 10-11 teníamos un dólar (compra) a $ 4,23, a su término en 12-15 el precio era $ 9,50 (+124%). Cuando asume el presidente MM en 12-15, el precio dólar era $ 13, en dos años 12-17 el precio dólar $ 18,85 (+45%, a hoy +54%). En un ambiente en el que la inflación del último bienio (2015-2016) supera el 60%, con estos dislates, pensar en $ es acertado? Con el gradualismo y los resultados en dos años, cuales son las expectativas? Una inflación del 15% para 2018?

Los economistas keynesianos suponían que las expectativas eran un dato (exógeno) y que no debían ser tenidas en cuenta en las hipótesis. El paso del tiempo (década del 70) por supuesto debieron revisarse estos supuestos de laboratorio porque el mundo cambia y a un ritmo más dinámico que el de la biblioteca adonde se formulan estos análisis.

Las “expectativas adaptativas” eran aquellas sobre las que calculaban inflación futura a partir de los datos o acontecimientos del pasado. Datos determinantes que influían en las decisiones de los agentes económicos.

En la práctica hay acontecimientos de coyuntura que afectan los cálculos como las bajas en las tasas de interés, el aumento en la emisión de moneda, el crecimiento del gasto público y su déficit fiscal y acontecimientos externos como por ejemplo la suba del costo del endeudamiento. También una pelea entre Gremios y el Gobierno. Estos escenarios influyen en las expectativas directamente.

Las “expectativas racionales” evolucionaron del concepto anterior considerando que los agentes económicos aprendemos de los errores y más aun si son recurrentes o reiterados para finalmente incorporarlos en el cálculo del análisis en cuestión.

Cuando el Gobierno decide aumentar la cantidad de dinero para sostener su gasto, genera expectativas de una mayor inflación y presiones a la hora de negociar las paritarias. Claramente los efectos de la política monetaria se trasladan a los precios de cara al futuro y sin generar esto un cambio en los niveles de producción real, se convalida con más inflación.

Por efecto contrario, cuando el Gobierno promete y cumple ser estricto en su política monetaria (restringiendo la cantidad de dinero en circulación) los agentes adaptan sus modelos a este escenario, incluso aunque en la práctica las políticas no se cumplan, desarmando así posiciones agresivas en materia de precios. Por este principio comienza relajarse el sistema, las negociaciones son menos tensas y la confianza se pone a prueba hasta que la realidad indique lo contrario.

La inflación es siempre y en todo momento un fenómeno estrictamente monetario y las expectativas juegan un papel decisivo. Desde 1944 a 2017 tuvimos 15 años con inflación de 1 digito, 44 con 2 dígitos, 13 con 3 dígitos y 2 años con 4 dígitos. Experiencia nos sobra y no pudimos doblegarla aun.

Como tomadores de decisiones, aprendemos del pasado y la experiencia, para leer entre líneas cuando un gobierno anuncia y en la práctica las piezas se mueven demasiado lentamente. Dependerá de nuestra “racionalidad” poder sobrevivir en la jungla.

Y al Gobierno bien le vendría ser consecuente entre los anuncios (deseos) y las medidas (practica) para no apoyarse solo en el famoso slogan del gran humorista y emblema rosarino el Negro Olmedo cuando en su personaje el Mano santa decía a sus seguidores…”y, si no me tienen fe”!

De esto también se trata la economía.

domingo, 14 de enero de 2018

Nota # 33 | la curva de phillips (las elecciones que impone el modelo?)

Comenzó el año y los desafíos en materia económica, no dan respiro sino que se retroalimentan en función del tiempo y las metas que parecen alejarse de los planes. Hace apenas dos semanas las máximas autoridades económicas nos brindaban una conferencia de prensa sobre los cambios en el Presupuesto 2018 y sobre el rumbo de la economía para los próximos meses. Horas después, un nuevo “volantazo” re-calibro las metas.

Lo positivo de esa reunión va por el lado de “sincerar” en relación a los deseos (o situaciones ideales) y las posibilidades (en función del contexto y las herramientas disponibles), seguramente todos tenemos situaciones de este tipo y de poco sirve auto-imponerse metas que sean inviables. Lejos de movilizarnos para cumplirlas, nos desalientan de entrada. Lo agravante en economía de esta mecánica, es que los costos de estas indefiniciones postergan oportunidades y nos perpetuán en un esquema circular del que nos cuesta salir.

Cuando hablo de indefiniciones, sigo pensando en porque si la inflación va a bajar como dice el gobierno para este año, es que se relajaron las metas (lo que se llama laxitud monetaria, elevan las metas de inflación +50% y paralelamente se relajan las tasas de interés)?, o cuando se desliza la idea de que un poco de inflación no estaría mal para dinamizar la economía?. La inflacion de por si es mala. No hay argumento a favor.

Son recetas probadas que dieron hasta hoy malos resultados, sobre todo la inflación que somos sub campeones del mundo, siendo Venezuela quien se llevo la copa con un cierre en 2017 de 2.616% (85% fue la inflación solo en Diciembre). Más del 70% del déficit fiscal del vecino país es financiado con emisión monetaria. Un modelo al que íbamos de cabeza y con el que parte de la dirigencia sentía gusto y compartían filosofía de gestión.

Entre los origines de las justificaciones a lo antes expuesto, surge el nombre de William Phillips (1914-1975) un economista neozelandés, cazador de cocodrilos y director de sala de cine, quien en 1958 presento un trabajo “La relación entre el desempleo y la tasa de variación de los salarios monetarios en el Reino Unido (1861-1957)”.

Durante este periodo se había producido en el Reino Unido una correlación negativa (una relación inversa) entre la tasa de desempleados y la variación de los salarios. Básicamente la idea de fondo era que: cuando el desempleo es bajo, la inflación tendía a ser alta y al contrario, en los periodos en los que el desempleo era alto, la inflación tendía a ser baja.  

Bajo este escenario, los gobiernos deben elegir entre dos males (desempleo e inflación). Con crecimiento económico, las empresas emplean más mano de obra, los salarios corren a la suba, mas consumo disponible para los asalariados y en definitivas un poco de inflación se genera. Inversa valida que ante el escenario de frenar un poco el ritmo de crecimiento de los precios, los salarios en términos reales mejoran y el empleo se resiente.

Con esta descripción, se trazó una curva de pendiente negativa que medía la relación entre ambas variables y que explicaron el contexto económico de aquel país en la década del 60. No fue tan precisa la herramienta y sus predicciones para la década del 70 en los que se presentaron escenarios de alta inflación y desempleo (estanflación) producto de grandes crisis como la del petróleo. Paul Samuelson y Robert Solow hicieron unos “retoques” a las conclusiones, las anteriores.

Los gobiernos ávidos de herramientas en algunos casos para justificar sus fechorías, en otros para empujar al crecimiento económico se apropiaron del modelo y como es clásico en la ciencia económica, las teorías y escuelas de pensamiento entraron en confrontación. Cada cual con sus argumentos validos, pero la validez tiene vencimientos, el mundo cambia.

Las políticas de corte keynesiano (digamos las apoyadas en un Estado que debe motorizar a la economía) asumían que había que tolerar una tasa de inflación relativamente más alta a cambio de mantener ciertas condiciones de contención social (empleo aunque de poco o nulo valor agregado pero empleo al fin). Objetivo, evitar el paro económico.

Las teorías fueron evolucionando, así como los escenarios económicos hasta que se avaló la relación antes descripta entre inflación y desempleo solo válida en el corto plazo, es decir que en el largo no tiene efectos estables y prácticos.

Aunque si de abusos se trata si somos campeones. Bajo el argumento de bajar la tasa de desempleo y ante un escenario de inflación (que ya es una constante en nuestra economía, más allá que el Indec dibujaba los números) la válvula de escape fue el Estado quien engrosó sus filas de forma exponencial (+ 1,4 millones de empleados).

Los neoclásicos (quienes propugnan por una economía libre y con el menor grado de intervención del Estado), justifico esta inestabilidad en el largo plazo cuando desaparece la sorpresa del efecto inflacionario (o se internalizan sus efectos) ya no hay una relación entre inflación y desempleo porque los actores del sistema económico ya incorporaron sus consecuencias (trasladando a precios, ajustando salarios en paritarias, aumentando las tasas de interés, etc).

Volviendo a la contradicción de: “la inflación está en franco descenso, pero por las dudas subimos las metas”, bajarla implica costos económicos y políticos sustanciales. Por el lado de los económicos: normalizando la economía, arbitrando los medios necesarios para sea competitiva en términos de costos productivos (reformas laborales, tributarias, pacto fiscal, responsabilidad fiscal), en definitivas generando las condiciones para crecer, sino el modelo cae por su propio peso.

Por el lado de los costos políticos: el que “todos tenemos que ceder” pendiente en la práctica. No alcanzan las señales. Es necesario que la dirigencia aporte sus esfuerzos (y ajustes) como los que hacemos quienes pagamos los impuestos para sostener un Estado que nos lleva más del 60% de nuestros ingresos anuales. Es a los gobiernos a quienes debemos exigirles sean consecuentes con la ecuación básica de ingresos-egresos (como lo haces o intentas en tu economía domestica). Vivir por sobre nuestras posibilidades nos costó 80 años de retraso, ceder aquella posición de privilegio (cuando abastecíamos al mundo), cerrar nuestra economía “para proteger la industria nacional”, intervenciones y distorsiones interminables. En definitivas, el motivo por el que estamos discutiendo los déficits.

Días atrás se vivió con muchas expectativas el  “súper-martes”. El segundo round entre la política y la economía, empate por puntos y una buena señal a los mercados que gracias a ese gradualismo no se provoco un desplazamiento desde los pesos a los dólares, situación que hubiera generado un repunte en la cotización de la divisa complicando el panorama en términos de expectativas de inflación y lo que a precios esto genera.

Los trade-off como el descripto por W. Phillips (inflación vs desempleo), o Lebacs vs pesos, en definitivas poco resuelven en el corto plazo las principales inquietudes de los ciudadanos: la enorme presión impositiva a la que nos somete un elefantiásico Estado, lo poco y malo nos retorna en términos de servicios y el creciente costo de vida. Llegar a fin de mes.

Se fue el Super-Martes y con él las expectativas. Parecía que se detenía la Argentina a la espera de anuncios que nos iban a cambiar las expectativas y en el mediano plazo las realidades. Poco de eso hubo, aunque el rumbo es el correcto, la normalización de la economía necesariamente debe transitar estos caminos.

Dicho popular: “lo mejor está por venir”…, lo bueno sería que se apure.

De esto también se trata la economía.


domingo, 31 de diciembre de 2017