domingo, 19 de abril de 2020

Emisión o nuevo rumbo económico?

El pan y queso es un legendario procedimiento para que los "capitanes" de cada equipo de fútbol seleccione sus jugadores. Por supuesto que en principio se eligen los mejores, para ir quedando como rezago, los supuestamente menos buenos. Al final, alguien se queda con el que nadie elige.

Este maldito virus según la OMC provocara al menos una caída del PBI mundial del 15 al 30 por ciento. En verdad, estamos todos en el mismo mar revuelto, pero no todos en el mismo barco. Los diferentes países combaten con diferentes armas y estrategias. El tiempo dirá quien lo supo hacer mejor, con las herramientas que tenia.

Ante este escenario, no hay disenso entre los economistas sobre el papel que deben jugar los Estados, "poner plata en el bolsillo de la gente" y aquellos que tienen mas espalda, diferir los impuestos. Esta decisión fiscal (expandir la cantidad de dinero circulando) debe financiarse, es decir alguien paga los costos. Puede ser mediante la reasignación de presupuestos, comprando activos de inversores que se refugian en los dólares, con ahorros previos (no tenemos) y, finalmente con emisión.

A consecuencias de un formato de gestión, no queda otra alternativa que fabricar billetes para proveerlos a los más necesitados e intentar mitigar con algo de liquidez que la cadena de pagos no termine quebrada en su totalidad.

Nuestro Banco Central emitió solo en marzo $600 mil millones ( 33 por ciento) lo que podría transformarse en un verdadero salvavidas de plomo, aunque esta claro que a nadie (o casi) le importa este tema cuando la vida esta en juego.

Los ciudadanos que trabajan y se procuran sus propios ingresos, demandan dinero para comprar bienes o servicios que son necesarios para lo cotidiano, o para ahorrar e invertir.

Ludwing Von Mises (1881-1973) escribió una obra fundamental, "Teoría de dinero y del crédito" (1912) para intentar resolver la paradoja: el dinero es demandado por la gente (que entrega algo a cambio) no por el dinero en si, sino por lo que con éste puede comprar.

Mises, toma de C. Menger la idea que el dinero en su origen tenía un valor intrínseco (el oro vale por el oro en si mismo) "demanda no monetaria" y luego con el paso del tiempo, se suma la "demanda monetaria" que incorpora el valor de cambio de esa unidad monetaria.

Así nace el concepto del "teorema regresivo del dinero". Digamos que el dinero que hoy demandamos para nuestro funcionamiento tiene incorporada la experiencia histórica de lo que éste pudo comprar últimamente. Entonces el dinero genera su propia demanda.

Del otro lado del que da el dinero (por algo a cambio), esta quien lo recibe y que puede no utilizarlo de forma inmediata sino que también puede intercambiarlo por otros bienes o servicios en un futuro.

La pregunta que se hace este último, no es lo que obtuve hoy por lo que di a cambio, sino que podré comprar próximamente. Podré reponer lo vendido, perderé en función de mi costo vs. la inflación o a pesar de todo, me quedo un margen para vivir? Preguntas que en una economía tan compleja como la nuestra, es más fácil resolver el acertijo de los 3 dioses del mago y matemático Raymond Smullyan.

En los inicios del papel moneda, este representaba una deuda que se podía rembolsar en el momento o bien en el futuro con intereses de por medio para conservar su valor.

Quiso la rentable expansión de la actividad bancaria y los Estados financiados por sus bancos centrales, que los emisores de estos papeles dejaran de cumplir con sus compromisos y mediando el poder coactivo obligar a sus tenedores utilizar estos papeles pintados declarados de curso legal.

Ahora, cuando el que emite este papel, el Banco Central no logra conservar el valor de los billetes, estos caen en relación a metales preciosos como el oro y aquel intentara que la moneda que nadie quiere igualmente sea utilizada.

Mises demostró que el precio o poder adquisitivo de la moneda se relaciona con una gama de productos o servicios que se pueden comprarse y, ante un incremento de la oferta (más pesos circulando), aumenta en un principio la demanda de bienes elevando los precios de la economía.

Esta dinámica genera una redistribución del ingreso y riquezas desde los creadores del dinero: gobiernos, bancos centrales y sistema bancario hacia aquellos que primero reciben estos dineros frescos como: las grandes empresas y proveedores del Estado a expensas de quienes lo recibirán solo migajas y en última instancia, paradójicamente serán mas damnificados aquellos a los que este perverso sistema dice ayudar.

Lo cierto es que un aumento en la cantidad de dinero no mejora el "servicio" que la moneda brinda (intercambio), sino lo contrario: a mayor cantidad emitida y disponible, cae su poder de compra generando un círculo vicioso de difícil y costosa salida.

Los ciudadanos (decía L.V.M), no necesitan crecientes saldos de caja ni siquiera una mayor oferta monetaria. Estos pueden obtenerlos gastando menos o siendo más eficientes en sus erogaciones y liberando fondos para aplicarlos en actividades que ofrezcan retornos.

Argentina tiene otras alternativas a la quizás más costosa: emitir dinero a toda velocidad para tapar el agujero. Así como los privados ajustamos el gasto y buscamos nuevas fuentes de ingresos, la economía agregada puede y tiene que optar por la misma regla de austeridad (pasado el Covid-19). Podremos capitalizar esta desgracia mundial, si cambiamos el rumbo económico y los principios rectores de una sana administración.