sábado, 3 de febrero de 2018

Nota # 34 – Diario La Capital | Expectativas y tu rol en la economía


Enero tuvo un artista casi exclusivo, “el dólar”. Es que la volatilidad de la divisa fue notable y a todos siempre nos preocupa el valor. Si bien no deja de ser un precio más en la economía, nos vinculamos con la divisa por diversos motivos y porque de hecho cada vez que se mueve el precio nos toca el bolsillo. Solo para darte un número +13% se movió la divisa en los últimos 60 días.

Qué motivos subyacen a la cotización de la divisa?

Motivos económicos (objetivos): por ejemplo, cuando el pasado 28-12 se re calculaban las metas de inflación  con el argumento que la “inflación están en baja”, relajamos el control monetario. Mas allá de la mera expresión de deseo que no se verifica en la práctica, genera una distención de la política fiscal y el BCRA queda doblegado a los designios de la política perdiendo independencia y restando crédito a su gestión. Esta lenta y gradual baja de tasas, naturalmente desincentiva a quienes se posicionan en $ en buscar nuevos horizontes más rentables que las hasta hoy estrellas Lebacs para no perder poder de compra contra una inflación que no cede. Dolarización de cartera.

Motivos “emocionales”: dado que cada movimiento de la divisa nos corre un frio por la espalda. Es que fuimos sistemáticamente estafados con nuestra moneda (corralito, corralón, plan bonex, 5 cambios de signos monetarios, 13 ceros que se quitaron a la moneda y las tropelías siguen). Así que cuando que te dicen “el que apuesta al dólar pierde” o más recientemente “los argentinos tienen que pensar en pesos”, lejos de generarte el efecto que desea el gobernante de turno, justamente logran lo diametralmente opuesto. Salís corriendo a comprar dólares porque hay mensaje oculto.

Tendrán los funcionarios sus ahorros en pesos? Te pregunto: cuando te sobra un mango te quedas en pesos o te vas al dólar? Se sincero. Argentina esta dolarizada de hecho (el año pasado fue record de compras). Tenemos tantas malas experiencias con nuestra moneda que siempre nos quema en las manos. Osea que cuando podes, buscas desde la lógica refugio en una moneda dura, que cumpla las funciones básicas: a) medida de valor, b) medio de pago, y c) medio de atesoramiento (claramente el peso adolece en el largo plazo).

Ahora volviendo al dólar y las expectativas que genera su volatilidad, cada movimiento en la cotización genera un golpe directo a tu poder de compra. Los agentes productores, tienen sus costos dolarizados (una fabrica, un desarrollador web, incluso operaciones inmobiliarias), pactan sus operaciones en moneda dura y al momento de pago (en $) se convierten al tipo de cambio vigente o directamente ahora que podes comprar dólares en un maxi kiosco, podes contar con el físico.

Las escenas de cobrar en pesos y salir corriendo a comprar dólares, aunque existan opciones e instrumentos financieros más rentables, es parte indivisible de nuestro ADN.

Cuando hablamos de “expectativas” hago mención a lo que como agentes en la economía, pensamos, planificamos o creemos que va a suceder con los temas (variables) que nos preocupan en un futuro cercado.  

A esta altura del año y como es una constante, se discuten las “Paritarias”, una pulseada entre actores que pugnan por bajar la inflación (unos) y sostener en el mejor de los escenarios el poder de compra (otros), las expectativas juegan un rol determinante.

Vale aclarar que los salarios no generan inflación. Lo que si la genera es la monetización del déficit financiando los excesos de un Estado que vive sobre sus posibilidades derivando la carga de tal desorden a quienes pagamos los impuestos; el remarque de precios por parte de los privados (ante un escenario de expectativas inflacionarias ajustan precios) y como tercer componente la falta de credibilidad que abona el espiral inflacionario.

En castellano de los últimos días: el BCRA emite pesos por sobre la demanda y lo hace para tapar el enorme agujero fiscal. Es decir que en el mercado hay más pesos en circulación de lo que la gente demanda y por ley económica, cae el poder de compra del peso. Como el dólar es un precio más, necesitas más pesos para comprar un dólar y por ende nuestro peso pierde valor (te empobreces).

Por el lado del gasto, con datos a 11-17 los déficits sumaban: Primario 4,3% el PBI, intereses de la deuda externa 2,3%, déficit provincial 1%, Cuasi fiscal (intereses de Lebacs) 1,7%. Osea que la friolera de 9,3% (y subiendo) del PBI responde a las diferencias de caja que de alguna forma hay que financiar. Estamos hablando de algo así como 46MM de USD.

Por el lado de la divisa, en épocas del CEPO 10-11 teníamos un dólar (compra) a $ 4,23, a su término en 12-15 el precio era $ 9,50 (+124%). Cuando asume el presidente MM en 12-15, el precio dólar era $ 13, en dos años 12-17 el precio dólar $ 18,85 (+45%, a hoy +54%). En un ambiente en el que la inflación del último bienio (2015-2016) supera el 60%, con estos dislates, pensar en $ es acertado? Con el gradualismo y los resultados en dos años, cuales son las expectativas? Una inflación del 15% para 2018?

Los economistas keynesianos suponían que las expectativas eran un dato (exógeno) y que no debían ser tenidas en cuenta en las hipótesis. El paso del tiempo (década del 70) por supuesto debieron revisarse estos supuestos de laboratorio porque el mundo cambia y a un ritmo más dinámico que el de la biblioteca adonde se formulan estos análisis.

Las “expectativas adaptativas” eran aquellas sobre las que calculaban inflación futura a partir de los datos o acontecimientos del pasado. Datos determinantes que influían en las decisiones de los agentes económicos.

En la práctica hay acontecimientos de coyuntura que afectan los cálculos como las bajas en las tasas de interés, el aumento en la emisión de moneda, el crecimiento del gasto público y su déficit fiscal y acontecimientos externos como por ejemplo la suba del costo del endeudamiento. También una pelea entre Gremios y el Gobierno. Estos escenarios influyen en las expectativas directamente.

Las “expectativas racionales” evolucionaron del concepto anterior considerando que los agentes económicos aprendemos de los errores y más aun si son recurrentes o reiterados para finalmente incorporarlos en el cálculo del análisis en cuestión.

Cuando el Gobierno decide aumentar la cantidad de dinero para sostener su gasto, genera expectativas de una mayor inflación y presiones a la hora de negociar las paritarias. Claramente los efectos de la política monetaria se trasladan a los precios de cara al futuro y sin generar esto un cambio en los niveles de producción real, se convalida con más inflación.

Por efecto contrario, cuando el Gobierno promete y cumple ser estricto en su política monetaria (restringiendo la cantidad de dinero en circulación) los agentes adaptan sus modelos a este escenario, incluso aunque en la práctica las políticas no se cumplan, desarmando así posiciones agresivas en materia de precios. Por este principio comienza relajarse el sistema, las negociaciones son menos tensas y la confianza se pone a prueba hasta que la realidad indique lo contrario.

La inflación es siempre y en todo momento un fenómeno estrictamente monetario y las expectativas juegan un papel decisivo. Desde 1944 a 2017 tuvimos 15 años con inflación de 1 digito, 44 con 2 dígitos, 13 con 3 dígitos y 2 años con 4 dígitos. Experiencia nos sobra y no pudimos doblegarla aun.

Como tomadores de decisiones, aprendemos del pasado y la experiencia, para leer entre líneas cuando un gobierno anuncia y en la práctica las piezas se mueven demasiado lentamente. Dependerá de nuestra “racionalidad” poder sobrevivir en la jungla.

Y al Gobierno bien le vendría ser consecuente entre los anuncios (deseos) y las medidas (practica) para no apoyarse solo en el famoso slogan del gran humorista y emblema rosarino el Negro Olmedo cuando en su personaje el Mano santa decía a sus seguidores…”y, si no me tienen fe”!

De esto también se trata la economía.